El estimulo es una forma de interacción entre el ser vivo y
el medio, es el agente, condición con la capacidad de provocar una respuesta en
un organismo determinado.
En el campo de la psicología los estímulos
están unidos al proceso de aprendizaje, ya que agrade de ellos desencadenar
conductas específicas.
La disminución o desaparición de una respuesta ante un
determinado estímulo es la forma más elemental de aprendizaje. Todo estímulo
requiere ser el de una intensidad para poder ser percibido.
Variación de estímulos
La metodología didáctica y las nuevas tecnologías son
suficientemente ricas en posibilidades como para que el profesor ponga en
funcionamiento sus mecanismos de creatividad y pueda variar los estímulos, las
actividades y las situaciones de aprendizaje con la frecuencia que cada alumno
o grupo necesite. Cambiar de actividad, hacer participar, preguntar, hacer
prácticas o ejercicios, cambiar de grupo o lugar, etc., ayudan a captar
el interés o mejorar la atención.
Que el aprendizaje sea significativo: Un objetivo o
actividad es significativa, cuando significa algo para el alumno, cuando se ve
en ella alguna utilidad o cuando entretiene o divierte.
Tener posibilidades de éxito: El éxito anima, el
fracaso desanima. Hay alumnos que saben de antemano de su fracaso, y no ponen
ningún interés en su aprendizaje. Una evaluación animosa por parte del
profesor es eficaz.
Motivar a los alumnos presentándoles los temas y contenidos
escolares de forma significativa es la clave y el motor del aprendizaje. Es
que el estímulo que imprime la motivación en las personas –cualquiera sea su
edad- despierta el interés hacia un determinado tema, objeto o actividad.
Es una acción que está cargada de deseos, expectativas y necesidades.
Hay diferentes tipos de motivación: la que se basa en
factores externos al individuo y la que surge internamente; pero sin lugar a
dudas, en ambos casos es necesario el componente afectivo, emocional y la
predisposición positiva. Nada es fácil de aprender si no hay ganas, interés o
curiosidad, así como nadie puede enseñar algo a otro si no está internamente
convencido de su sentido, utilidad o razón.
Es cierto que cada alumno sentirá un mayor o menor interés
por determinadas materias, que se sentirá más cómodo con algunos profesores y
no con otros, y que la aceptación o rechazo de sus compañeros por los gustos
expresados influirán de forma determinante para instalar en él una motivación
positiva hacia un determinado objetivo. Pero más allá de estos condicionantes,
todas las personas nos sentimos valoradas cuando recibimos aliento o recompensas
de algún tipo por una tarea bien realizada o que se está encaminando. Cuando el
alumno siente un reconocimiento positivo por sus acciones –aunque haya
aún errores en ella o falten pasos para su realización total- se involucra con
ganas en los proyectos y actividades escolares.
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